Pumas, más fiera que León
MORELIA, Mich., 6 de diciembre de 2025.- El sorteo deparó que, 16 años después del enfrentamiento que inauguró la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, México y Sudáfrica volverán a enfrentarse en la misma instancia pero en escenarios opuestos, coincidencia a la que calificó Javier Aguirre, estratega de los mexicanos, como parte de un "destino caprichoso".
Ambas naciones volverán a abrir a la máxima fiesta del futbol, a dieciséis que lo hicieron luego de aquel partido de Johannesburgo en 2010. Un recuerdo de ese día sigue aferrado a la memoria futbolera como el eco interminable de las vuvuzelas, un sonido tan omnipresente que se volvió banda sonora y latido simultáneo de un país que celebraba su primera Copa.
En aquel debut, el mundo descubrió a un Sudáfrica que jugaba con la motivación de quien representa algo más que un equipo: representaba una nación joven, todavía aprendiendo sus pasos, que usaba la pelota como pretexto para reafirmar su identidad. Y de ese impulso nació uno de los goles más bellos y simbólicos de la historia reciente. El zurdazo de Siphiwe Tshabalala, viajando al ángulo con una precisión casi cinematográfica, parecía escrito para abrir un Mundial. Su festejo, una danza tribal convertida en coreografía universal, fue la manera que tuvo el futbol de recordar que también sabe celebrar.
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