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MÉRIDA, Yuc., 30 de septiembre de 2026.- La inteligencia artificial puede acelerar procesos, facilitar el acceso a información y convertirse en una herramienta para la investigación, la educación y la inclusión; sin embargo, su creciente presencia también plantea una pregunta fundamental: ¿qué decisiones y capacidades humanas no estamos dispuestos a delegar a un algoritmo?
Este fue uno de los ejes de reflexión del Coloquio Interinstitucional 2026 “Diálogos sobre Inteligencia Artificial”, realizado los días 29 y 30 de septiembre, espacio en el que especialistas de distintas disciplinas analizaron los alcances, riesgos y responsabilidades que acompañan el uso cada vez más extendido de estas tecnologías.
Durante las participaciones se advirtió que la inteligencia artificial no debe entenderse únicamente desde su capacidad tecnológica, sino también a partir de sus implicaciones jurídicas, educativas, sociales y éticas.
El coloquio, impulsado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) también abrió la discusión sobre las transformaciones que la inteligencia artificial está generando en la investigación y particularmente en las ciencias sociales y las humanidades.
El Mtro. Joel Amílcar Peña Alcocer, de la Universidad de Oriente, reflexionó sobre los límites de la llamada “interpretación sintética” y la necesidad de conservar la trazabilidad de las fuentes y del proceso intelectual cuando estas herramientas intervienen en la construcción del conocimiento. Explicó que, en disciplinas como la historia, la interpretación depende de documentos verificables y de la capacidad del investigador para analizarlos y relacionarlos.
Ante este escenario, planteó la necesidad de generar nuevas culturas académicas y fortalecer la alfabetización y formación tecnológica, de manera que la incorporación de estas herramientas vaya acompañada de una reflexión permanente sobre sus implicaciones metodológicas.
Desde otra perspectiva, la Dra. Lilia Dolores Tapia, profesora investigadora de la Universidad de Córdoba, España, abordó la inteligencia artificial desde la ingeniería, la sostenibilidad y la justicia algorítmica.
Durante su intervención señaló que construir un sistema técnicamente preciso no resuelve por sí solo preguntas como quién participa en su diseño, qué conocimiento se considera válido, qué sectores pueden quedar fuera de su representación y cómo se distribuyen las consecuencias de las decisiones automatizadas.
Por ello, expuso una propuesta que integra dimensiones epistemológicas, pedagógicas, técnicas y sociales, bajo la premisa de que la reflexión ética no debe incorporarse únicamente al final del desarrollo tecnológico, sino acompañar todo el proceso, desde la definición del problema hasta la evaluación y seguimiento de los sistemas.
Otro de los asuntos analizados fue la relación entre inteligencia artificial, educación y pensamiento crítico. Durante el encuentro se expuso que estas herramientas pueden reducir tareas rutinarias, acelerar procesos de síntesis y apoyar la resolución de problemas, pero también pueden generar riesgos como dependencia cognitiva, una falsa percepción de conocimiento y pérdida de práctica intelectual cuando sustituyen procesos que deberían realizar las personas.
En este contexto, se destacó la importancia de fortalecer la alfabetización en inteligencia artificial y capacitar al profesorado para acompañar a las nuevas generaciones en un uso responsable de estas tecnologías, sin convertirlas en sustitutas del aprendizaje ni del razonamiento propio.
Las reflexiones coincidieron en un punto central: el desafío no consiste solamente en aprender a utilizar la inteligencia artificial, sino en definir cómo incorporarla sin renunciar a capacidades esencialmente humanas como analizar, cuestionar, interpretar y tomar decisiones.




