Descomplicado
“Los Bragados” de Guadalupe de Anda, “Héctor” de Jorge Gram, “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro, “La Virgen de los Cristeros” de Fernando Robles, “Rescoldo” de Antonio Estrada, entre otras, son obras que narran la irrupción y el sentimiento de un movimiento que defendió la fe. Desde la literatura brota esa historia que conocemos como Cristiada. La gesta de miles de mexicanos que enfrentaron el poder es una epopeya mal contada por el oficialismo y poco narrada por la Iglesia.
El siglo XX mexicano arrastró rescoldos de los fuegos decimonónicos. El porfiriato no fue suficiente para superar el conflicto entre fe y gobierno. La revolución, en particular la norteña, era poco afecta a Dios; a Villa le gustaba asesinar curas y entre los carrancistas no faltó el que entrara a caballo en una catedral y quien permitiera destruir un famoso colegio jesuita. Algunos de los señores de la guerra eran de los más eficaces matones de la historia; entre ellos, el “turco”.
Para el católico, la centuria inició en 1891, con la encíclica Rerum Novarum, documento que anunció la búsqueda del “Reino” como algo posible en la tierra. Desde entonces han resonado párrafos como el siguiente: “No es justo, según hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad de obrar con libertad hasta donde sea posible, sin daño del bien común y sin injuria de nadie”.
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