Indicador Político
La tradición política decía que el uno de septiembre de cada año era el día del presidente. Los cánones políticos daban cuenta de ello y eso empieza a cambiar cuando en 1988 el PRI, que gobernaba, no había perdido aún la mayoría parlamentaria en el Congreso, pero Porfirio Muñoz Ledo inaugura oficialmente las interpelaciones de los legisladores desde la tribuna parlamentaria durante el último informe de Miguel de la Madrid Hurtado.
Ya antes se habían escuchado los gritos, visto las pancartas, pero fue en esos años cuando se oficializó la oposición que venía teniendo más presencia en el país a pesar de los fraudes electorales.
En 1988 el fraude que lleva a Carlos Salinas a la presidencia crispa al país, pero pasarían nueve años cuando en 1997 el tricolor y, por ende, su gobierno, pierde la mayoría legislativa.
A pesar del fraude, la popularidad de Salinas durante su gestión creció como la espuma, pero el modelo de país que él había ideado y estaba construyendo no era del agrado de todos los priístas y muchos de ellos empiezan a apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas y otros más deciden que el estilo presidencial se alejaba cada vez más del que ellos consideraban correcto y empieza la polémica de su gobierno al reconocer los triunfos de la oposición panista con quien logra sacar varias de sus reformas que le dieron pie para armar y consolidar el tratado de libre comercio.
Eran los tiempos en los que la filosofía política vivieron su última etapa. Los días en que Carlos Castillo Peraza dirigía al PAN y la efervescencia nacional se abría a los argumentos de la oposición destacaron a políticos de la talla de Porfirio Muñoz Ledo, Heberto Castillo, Gilberto Rincón Gallardo. Muchos de ellos seguidores de Muñoz Ledo y Cárdenas, vistos por Salinas como enemigos de su gobierno y fundadores del Partido de la Revolución Democrática.
La oposición del priismo de ala dura llevó a la crispación nacional y se promovió el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas que inició un año 1994 más que convulso con el asesinato del candidato del PRI, continuador del proyecto reformador de Salinas, Luis Donaldo Colosio, y más tarde de José Francisco Ruiz Massieu, dos de los pilares del salinismo, pero esos hechos no fueron suficientes para que el PRI fuera derrotado y llego Ernesto Zedillo, quien de coordinador de campaña de Colosio se alzó con el triunfo electoral gracias a esos días en los que el miedo se apoderó del país.
Ya en 2000 el control político del país y de Ernesto Zedillo y su gobierno no permitió que los comicios se convirtieran en una guerra nacional ante la oposición de varios gobernadores del PRI que se negaban a aceptar la derrota de Francisco Labastida Ochoa, quien también se negó a aceptarla y Ernesto Zedillo tuvo que salir a reconocerle el triunfo a Vicente Fox.
En los sexenios que antecedieron a Fox hubo personajes poderosísimos que operaban desde la presidencia: Emilio Gamboa recibía el trato de vicepresidente, con Miguel de la Madrid; José Córdoba era el poderoso jefe de la oficina de la presidencia, cargo que crea para él Carlos Salinas de quien era no sólo amigo sino asesor y confidente; con Ernesto Zedillo, Liébano Sáenz Ortíz ocupó ese cargo pero compartió la influencia política con Emilio Chuayfet y Francisco Labastida Ochoa que de la secretaría de Agricultura salió para ser un débil e influenciable candidato del PRI, que finalmente fue derrotado.
Con Vicente Fox, ya en la transición, Santiago Creel Miranda fue el más influyente secretario de Gobernación, pero Martha Sahagún, quien fue la vocera de Fox en la campaña y luego su presidenta del DIF cuando oficializaron su relación, era quien tenía el poder y la influencia para tratar con otros secretarios y en especial con los gobernadores.
Con Felipe Calderón en la presidencia, Juan Camilo Mouriño consolidó su poder real que había ejercido desde la secretaría de Energía, de donde sale Calderón luego de que el gobernador de Jalisco lo candidatea a la presidencia lo que lo enfrenta con el presidente Fox. Al fallecer Juan Camilo en un accidente, nadie ocupa el lugar de Mouriño y esa influencia se reserva para Margarita Zavala.
En los tiempos de Enrique Peña Nieto el poderoso secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, se convirtió en el hombre fuerte y confidente además de ser el artífice de las reformas estructurales y desde su cargo se convirtió en operador del presidente y los intereses de su gobierno.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador no hubo nadie más que él para ejercer el poder, pero delegaba en gente de su absoluta confianza como la jefa de Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, quien sería su candidata para sucederlo. Adán Augusto también llega a Gobernación para encargarse de temas trascedentes y otros más que estuvieron siempre a la sombra de su gestión: Jesús Ramírez, Julio Scherer Ibarra, Alfonso Romo Garza.
En el gobierno actual, Omar García Harfuch se ve como el más cercano a la presidenta Sheinbaum, ese funcionario es auténticamente suyo y precisamente por eso la confianza, pero no opera políticamente porque la presidenta está viviendo una dicotomía en la que lo es sin serlo y el que le entregó el poder se niega a dejárselo y sigue tomando decisiones desde su ausencia física.
Lo que hoy tenemos frente a nosotros no sólo es un gobierno fallido de cara a los resultados a la vista sino también un gobierno tomado por el crimen organizado que, aunque las cifras de las mañaneras digan una cosa, la realidad que dan los datos del secretariado de seguridad siguen hablando de un país en guerra con una buena parte del territorio nacional tomada por la delincuencia que desplaza a ciudadanos en sitios como Guerrero, Chiapas, Coahuila, Michoacán, Baja California...
La presidenta no vivió su día festivo por su informe, para ella no fue su fiesta porque sucedieron demasiadas cosas que prenden las luces de alerta de cara a una elección en la que se vislumbra una derrota real y la pérdida de la mayoría absoluta en ambas cámaras.
Esa frase que es el eslogan del segundo informe de Sheinbaum “Honestidad y resultados¨, choca de frente con lo que los diferentes medios serios e independientes del país exhiben en sus primeras planas: nadie parece obedecer las instrucciones de la presidenta, lo que la ha llevado a decir que lo que ella dice depende del criterio de cada uno de sus comparñeros de militancia.
La secretaría de Turismo convertida en botín de familia donde la secretaria le entrega s su hermano la organización del tianguis turístico, el principal evento de esa dependencia.
Birmex, a donde la presidenta mandó a su mejor amigo para resolver el tema del abasto de medicina, resultó que se compró dos departamentos que pagó en efectivo con 22 millones y realizo 19 viajes internacionales por el mundo durante el ejercicio de su cargo en apenas dos años. Hoy sigue en el ojo público ante su incapacidad de justificar el hecho.
El desvío fiscal por combustibles, ese que se “acabó” en los días de López Obrador, resurgió con Claudia: trenes, barcos, camiones y hasta refinerías, aparecieron por generación espontánea para un boquete fiscal de $600 mil anuales sólo en ese rubro mientras los laboratorios de metanfetaminas, que “tampoco” habían, aparecen como hongos después de la lluvia.
La presidenta habla de austeridad y todos presumen sus relojes Rolex, Cartier, Audemars Piaget además de sus autos Lamborghinis, Porsches, Audis, y las camionetas machuchonas blindadas Suburban o GMC. ¿Para qué hacerle caso?
Los escándalos no le han pegado a Scheinbaum, pero si a su partido porque el fundador pregonaba que él vivía con $200 en la cartera y decía que ellos no robaban, no traicionaban y menos mentían... y todo se fue al carajo: mienten, roban y traicionan, quizá lo más grave, porque convirtieron al Estado Mexicano en parte del emporio criminal que ha matado, secuestrado, cobra derecho de piso, extorsiona y gana elecciones como financia campañas... Y se enojan cuando desde EEUU fincan resposabilidades y exigen la extradición de políticos de Morena encumbrados.
Morena y sus voceros tratan de ocultar la debacle con encuestas, donde se dicen populares, donde muestran números en crecimiento. En los hechos, se asustan de políticos de oposición que se reúnen para hablar de trabajos conjuntos con la sociedad y dedican su tiempo a tratar de deslegitimarlos usando el argumento de que no son nadie, pero ellos los hacen todo hablando de ellos y tratando de minimizarlos. ¿No que no son nadie?
No, hoy la presidenta no necesita a un poderoso en el gabinete, ella lo es en el gobierno que le heredó López Obrador, pero que no se equivoque Morena: siguen siendo de él... y él sigue operando..




