
Indicador Político
Que a nadie le quepa duda: la continuidad que ofrece Claudia Sheinbaum es la destrucción de las instituciones de la República, la continuidad de la prevalencia del crimen organizado, el crecimiento del narco, la ausencia de medicamentos, de instituciones funcionales de salud, del empoderamiento del ejército, pero sobre todo el exterminio de las instituciones autónomas como la Suprema Corte de Justicia, el INE, el INAI y todo aquello que signifique una fiscalización, un tope al poder presidencial, un freno al capricho del poderoso.
No se equivoquen: todos debemos de votar por Xóchitl Gálvez si queremos recuperar un país que con premura se nos escapa de las manos. Y no es que el tema sea de partidos, o de simpatías. No, el tema es el rescate del país que vivimos o la permisividad que a cada ciudadano se nos quite el derecho de elegir, de votar, de exigir resultados, de ser vigilante del gobierno que, con López Obrador, quiere regresar a esos años en los que lo normal era el fraude desde el mismo gobierno con programas sociales y el presupuesto de la nación.
Si a ud. le molesta el PAN, el PRI o el PRD y cree que votar por otro es una opción, no se equivoque hoy sólo hay y solo cuentan dos candidatas: Xóchitl y Cláudia y ambas representan cosas muy diferentes.
De Claudia sabemos que desvió el presupuesto de mantenimiento del metro y que por ello se cayó la línea 12 del metro y fallecieron 27 personas y 79 más resultaron lesionados; 26 más en el derrumbe del colegio Rebsamen, 19 de ellos niños, cuando era titular en Tlalpan.
Sin embargo, los resultados de este gobierno tiene que ver también con más decesos: los 800 mil por la pandemia, las muertes no cuantificadas por esos 30.3 millones más de personas sin acceso a servicios de salud por la cancelación del seguro popular. Además, hay 175 mil muertos en los cinco años del actual gobierno y un viso de colusión con el crimen organizado que ha ayudado a Morena ganar estados del pacífico norte del país.
El continuismo que promete Claudia también trae consigo el riesgo de que ella siga entrometiéndose en las campañas políticas, el uso de los recursos del gobierno para apoyar a su partido y la negación reiterada de que su gobierno es honesto, democrático y humanista.
Lo peor es el riesgo de que a ella tampoco le van a decir que la ley es la ley porque el signo del gobierno de Morena es el desprecio a todo aquello que les ponga un freno o les limite sus excesos.
En la elección de 2024 no se trata de elegir a una presidente sino de romper las pretensiones de Morena y de López Obrador de convertir al país a uno más de esa “izquierda” del siglo 21 que no sólo se niega a aceptar la democracia sino que sus presidentes pueden reelegirse a voluntad o gente cercana a ellos que les permitan seguir siendo factor de poder, como ocurre en Cuba con Díaz Canel en el papel del presidente pero con Raúl Castro, como presidente del Partido Comunista y poder real del gobierno.
La democracia en México está en peligro, quien llegó por la vía democrática al gobierno hoy quiere no sólo eliminar a la autoridad electoral sino modificar a la Suprema Corte de Justicia por un ente político de partido en el que los jueces y magistrados tendrían que llegar al poder mediante el voto popular. Adiós a la imparcialidad y a una Constitución que nos hace ciudadanos idénticos a todos los mexicanos, con los bemoles que conocemos y que necesitan superarse, pero no suprimiendo la base de la ciudadanía: el derecho al voto, el derecho de elegir al gobierno que más nos guste o parezca y que la sociedad sea la responsable de garantizar la imparcialidad de los comicios.
López Obrador ha fracasado en todo lo que propuso en su campaña o, peor, fue una artimaña para llegar al poder y destruir un sistema que le negó llegar a presidirlo porque no logró los votos que se necesitaban para ellos en dos ocasiones anteriores.
México se debate hoy entre el continuismo y la implantación de un gobierno autócrata militarizado y sin resultados, dedicado a la política y no al servicio de los ciudadanos o resurgir el país que poco a poco lograba salir pero que tenía una ventana de oportunidad para todos aunque la desigualdad siga siendo un reto por resolver, pero no un objetivo por alcanzar como pretende el actual gobierno. Votemos, que cuando todos salimos ni hay fraude que cuente.