Descomplicado
Andrés Manuel entró en pánico. La información que leyó después de los halagos de la DEA a García Harfuch no eran para menos: van por él, por su hijo y por todos los gobernadores que llegaron gracias a la elección de 2021 y a la del 2024 que tienen claros vínculos con el crimen organizado y con los cárteles de las drogas que financiaron sus campañas.
Para él, se especula, García Hafuch estaría cocinando lentamente su venganza luego de que metió a la fuerza a Clara Brugada para la jefatura del gobierno capitalino a pesar de que él hoy secretario de seguridad “ganó” la “encuesta interna” de Morena.
Lo que vimos este fin de semana es un intento de asonada que no sólo salió mal, sino que acreditó la fisura que hay en el interior del partido en el gobierno que, al ser un movimiento encabezado por un sólo hombre, permitió que muchos se aliaran a Morena movidos por sus propios intereses y no la institucionalidad que nunca ha caracterizado a quienes son parte de ese movimiento.
Las tribus, como originalmente se les conoce, responden más a sus intereses que a los del movimiento que al responder a la decisión de su tlatoani todos intentan acomodarse con quien creen que tiene el poder ahora que él se fue a su rancho en un aparente retiro.
Ya sin Andrés y sin Cuauhtémoc a la vista, en Morena hay quienes no terminan de entender quién manda ahí simplemente porque se les enredan los conceptos y no vislumbran que el líder es quien logró los votos, no quien ya cumplió su mandato, aunque sea el padre del movimiento.
Al final lo que los ha metido en este problema es que no consideraron lo que siempre les dijo Porfirio Muñoz Ledo: el pacto con el narco no se hereda, porque para ellos siempre será quien tenga el poder y nunca el que ya lo dejó.
México con Morena perdió la institucionalidad y con un poder judicial que obedece a quien hoy debiera ser otro poder, pues el poder se confunde al extremo de que quienes llegaron al cargo con Sheinbaum sólo le deben su cargo a quien lo negoció con ella y precisamente por ello no la ven como la líder política sino como la encargada de gerenciar al movimiento.
Para parte del movimiento, Claudia es presidenta gracias a López Obrador que es quien sigue al frente y ellos, como producto de ese pacto con el líder de Morena, tiene el mismo poder que Claudia. El caso llega al extremo de que el expresidente considera que él sigue siéndolo de facto a pesar de que su mandato ya concluyó y que claudia tuvo 5.7 más votos que él en su elección de 2018.
Por eso la confusión del fin de semana: Rocha creyó que como el financió las campañas con el dinero del narco, a él le deben sus contemporáneos sus cargos y hasta Sheinbaum que habría recibido también parte de ese financiamiento ilegal e ilegitimo. Lo habría acordado con Andrés, lo procesaron juntos y no le pidieron opinión a nadie, pero claudia respondió como persona empoderada y usó todo su poder con los gobernadores, los legisladores y la dirigencia del partido y logró regresar al orden a los insurrectos.
En el camino muchas cosas dejaron a la vista: Morena está apanicada porque como partido ha perdido la simpatía de los votantes a pasos acelerados, Claudia está atrapada en el muladar que le dejó su padrino y no encuentra la manera de romper con él sino que ese rompimiento ponga en riesgo su pode presidencial.
Al final, Claudia se exhibió como poderosa, Andrés como un abusivo y Rocha Moya fue el peón que sirvió como marioneta para dejar a todos a la vista desnudos como lo que son: adoradores del poder, jamás de México y menos de sus ciudadanos.
Lo que quedó claro es que Morena está divido como partido, está disminuido como fueza única y sólo queda saber si en realidad gobierna Claudia o si en verdad la otra facción sigue pensado que son ellos los que realmente tienen el poder.
Lo que está claro es que, como dice Antonio Navalón, de la traición no se vuelve, pero también dejaron claro que la política no es precisamente una virtud que se maneje y se operen en Morena. Ahí reina la teoría del poder por el poder mismo y ese poder, al menos por hoy, lo tiene Claudia y el escarmiento ejemplar sería juzgar a Rocha Moya por el asesinato de Nemesio Cuén y entrarlos ya juzgado a Estados Unidos para que cumpla sus sentencias en Estados Unidos.
Claudia tomaría posesión si se decide a ser la presidenta, si se decide a que no le debe nada a Andrés, pero su formación leninista no le permite ver que las instituciones que demolieron juntos hoy les permitirían salir airosos de un problema en el que solitos se metieron. Como diría el clásico: aiga sido como aiga sido, hoy tenemos a un narco partido tratando de destruir a su narco gobierno, al que llegaron gracias a que el narco les financió sus campañas y a punta de pistola y de terror convencieron a los electores de que la opción mejor, al menos para ellos, era López Obrador. Ahora, que paguen las consecuencias… aunque el pánico los delate.




