Tolerancia a criminales e intolerancia a las clases medias, política pública de AMLO

La estrategia sociológica de López Obrador. Nunca en la historia de México, la tolerancia al crimen organizado fue parte de las políticas públicas de un gobierno, como el de López Obrador.

Si se cambia la opinión se cambian los hábitos, y si se cambian los hábitos se cambia la realidad, dice el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman en una reflexión sobre la persistencia de los prejuicios que funcionan como aliados de las élites políticas anquilosadas en el poder.

En el año 2000 se concretó en las urnas un cambio de opinión, la demolición de prejuicios en grandes sectores de la sociedad acabó con la continuidad de 70 años del PRI.

En el 2012, el incumplimiento de expectativas sociales y la encarnizada lucha al interior del PAN, donde algunos grupos jugaron a favor de Enrique Peña Nieto para evitar el triunfo de Josefina Vázquez Mota o de Andrés Manuel López Obrador, concretaron el regreso del PRI a la Presidencia.

En el 2018, Peña Nieto y su cofradía gangsteril fraguaron un plan de protección y un pacto de impunidad con López Obrador. Prometieron afianzar la victoria contundente de Morena, a costa de fabricar delitos para hundir a candidatos como Ricardo Anaya Cortés y sacrificar al del PRI, José Meade Kuribreña.

En los hechos, la prolongada transición no acaba de consolidarse. Andrés Manuel pensó que su izquierda dogmática, como última opción ideológica de cambio presidencial, sería el principio de una nueva era.

Hasta el momento es un fracaso, los números exhiben el peor trienio de los cuatro sexenios de la transición, y este 6 de junio las urnas le echaron en cara esa ineptitud inocultable.

En esta realidad, el caudillo opta por agudizar con mayor intensidad los prejuicios más venenosos, en los sectores sociales más vulnerables para escenificar la lucha de clases rumbo al 2021.

Antes del 2000, los prejuicios de un PRI invencible ayudaron sexenio tras sexenio a mantenerlo, y al desánimo de opositores. La cercanía del cambio con Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano en 1988, fue destruída por Manuel Bartlett Díaz, quien ahora aparece como la voz en el oído de quien puede repetir la escena.

Esto es, la estrategia de Andrés Manuel, siempre improvisada y manufacturada en las rodillas, pero con gran olfato político, es la inoculación en el electorado de profundos prejuicios que eviten ver en un posible cambio de gobierno en el 2024, la opción correcta, la más acertada.

El prejuicio más efectivo para la Cuarta Transformación será el que convenza a la mayoría de los electores de que un posible cambio de gobierno es un retroceso al pasado corrupto, injusto, abusivo y violento.

Pero la realidad juega en contra de Andrés Manuel. Lo que va del sexenio ha demostrado una corrupción sin freno, con la mayor asignación de contratos sin licitar, con sobornos más vivos y más altos, con la injusticia de hacer a un lado a los niños con cáncer, y la desaparición de fideicomisos que fueron de gran ayuda, además del trienio más violento de la historia, cuantificado en muertes dolosas.

Por eso le urge a López Obrador sembrar a profundidad esos prejuicios donde las clases medias son los estratos de los villanos corruptos, abusivos y clasistas.

No solo eso, se esfuerza por convencer que solo fueron las clases medias quienes votaron contra Morena el 6 de junio, y que los sectores más desprotegidos le dieron la confianza al caudillo que los defiende.

Tal vez uno de los prejuicios más letales para el país es la perversa intención de hacer creer que el crimen organizado es mejor que los adversarios políticos del Presidente.

Este veneno discursivo construye un aval moral para los jóvenes reclutados por las bandas del narcotráfico y del crimen en general. Nunca en ninguna gestión federal, la tolerancia al crimen organizado fue parte de las políticas públicas de un gobierno.

Pudo haber acuerdos o sobreentendidos, pero no formaban parte del discurso oficial, ni de la propaganda política desde Presidencia de la República, donde el Ejecutivo pide perdón en público, por llamarle “Chapo” al jefe del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, además de correr a saludar a su madre, y ordenar la liberación a su hijo Ovidio detenido en Culiacán por el Ejército.

La tolerancia al crimen organizado, política pública del gobierno de la Cuarta Transformación, solamente vea el mapa electoral.

Los espero este martes a las 3:30 en RadioFormula y Teleformula en el programa de Eduardo Ruiz-Healy

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