Descomplicado
Las autoridades estatales han reaccionado con base en sus tiempos ante la desaparición de Kimberly Joselín. La Fiscalía abrió líneas de investigación, detuvo a un joven involucrado en el caso y ha mantenido un ritmo en las diligencias. Seguridad Pública ha desplegado operativos y recursos extraordinarios. La gobernadora Margarita González Saravia ha pedido prudencia y ha reiterado que el caso es prioritario. La UAEM, por su parte, con base en sus propios tiempos y factores de poder ha intentado contener la angustia estudiantil.
Todo eso es cierto. Y es importante reconocerlo. Pero también es cierto que, pese a esos esfuerzos, la sensación de vacío no disminuye. Por ello, de hecho hoy lunes la propia mandataria ha cancelado su agenda, la intención es meterse de lleno al asunto para resolverlo.
Falta lo esencial: Kimberly sigue sin aparecer. Y mientras no aparezca, ninguna acción institucional será suficiente para calmar la rabia, la incertidumbre o el miedo. En eso hay que ocuparse.
La reacción del estudiantado no es exagerada ni desproporcionada. Es humana. Una compañera desaparecida, un detenido que todavía no aclara nada, una investigación que avanza pero no alcanza a explicar, y un silencio que pesa más que cualquier comunicado.
Por eso las colectivas marcharon. Por eso cerraron accesos durante ocho horas. Por eso la marcha anunciada y luego cancelada para este lunes se convirtió en un signo de tensión. La comunidad está en un punto donde cada decisión se siente definitiva.
La UAEM vive una herida abierta. Y una herida así no se administra: se acompaña.
La cercanía del 8M convierte este caso en algo más que un expediente. Es un símbolo. Es un recordatorio de que la violencia contra las mujeres no es un fenómeno aislado, sino una estructura que atraviesa hogares, escuelas, calles, instituciones y vínculos afectivos.
En este contexto, la desaparición de Kimberly no solo duele: enciende alarmas. Y lo hace porque miles de mujeres en Morelos —y en el país— viven con la misma sensación de vulnerabilidad. A pesar de las políticas públicas implementadas, de la voluntad política de las autoridades, la pregunta que se hacen hoy las estudiantes de la UAEM es: ¿y si mañana soy yo?
La Fiscalía ha actuado, pero ello en sí mismo no sustituye la claridad. El joven detenido no ha aportado una narrativa que explique lo ocurrido. No hay una versión oficial que ordene los hechos. No hay una línea de tiempo que dé sentido. No hay, todavía, una historia que permita entender.
Y cuando no hay explicación, crece la sospecha. Cuando no hay narrativa, crece la angustia. Cuando no hay Kimberly, crece la rabia.
La desaparición de Kimberly es urgente, dolorosa y prioritaria. Pero también es un espejo. Un espejo que muestra:
No basta con reaccionar ante cada caso. Hace falta prevenir, acompañar, transformar. Y no es una tarea sólo del Estado, sino de la sociedad, de los grupos sociales, de los hombres, particularmente.
Lo más importante sigue siendo lo mismo desde el primer día: que Kimberly aparezca.
Y junto a eso, que haya una explicación coherente, transparente y completa. Una que no deje dudas. Una que no deje heridas abiertas. Una que permita a la comunidad universitaria —y a la sociedad— entender qué ocurrió y por qué.
Porque mientras no haya Kimberly, mientras no haya verdad, mientras no haya claridad, la herida seguirá abierta. Y Morelos no puede permitirse otra herida más.
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