
Ofrecerán 100 becas para estudiar inglés y tecnología en el extranjero
Enrique Cetina tiene 30 años de servicio docente, en los cuales ha ganado numerosas becas, premios y reconocimientos, entre ellos la medalla Diputado Pánfilo Novelo en el 2021, ahora, después de una vida de servicio y una pandemia, cuenta como ha sido su experiencia formando a los futuros vallisoletanos, especialmente a los niños mayablantes.
El profesor, cuenta que inicialmente su intención era estudiar psicología, sin embargo, no fue aceptado en la Universidad Autónoma de Yucatán, y esto lo llevó a la Normal, a pesar de que en ese momento no le gustaba mucho el sistema de enseñanza que se impartía, pero todo cambio cuando tuvo la oportunidad de realizar el servicio en comunidades indígenas.
“Poder estar en las comunidades indígenas fue lo que en realidad me movió y convenció de seguir en la docencia”
Cuenta que, aunque en varias ocasiones fue asignado a escuelas urbanas grandes, él siempre prefirió las comunidades, por muy alejadas que estuvieran “mi principal motivo es que siempre he creído que tienen derecho a ser enseñados con calidad, con excelencia, con pasión y sobre todo en su idioma”, indicó que el profesor, quien habla maya desde los 19 años.
Desde entonces y después de un largo camino recorrido en la docencia y en puestos administrativos, señala que hay cambios notables en el sistema de enseñanza debido a que los hábitos de los niños también cambiaron, y enfatiza que para que las estrategias educativas funcionen son los profesores quienes se deben adaptar a los alumnos.
El ejemplo más evidente fue la pandemia, cuenta que fue una época de retos en las que quedó de manifiesto que no estábamos preparados para una situación así “la pandemia vino a descubrir deficiencias, pero también eficiencias” comenta, y es que asegura, el sistema educativo no está pensado para los estudiantes de las comunidades indígenas en donde no hay señal de teléfono, radio, internet, ni celulares.
Y es entonces que relució la eficiencia de los profesores “en esa época los docentes estuvieron más creativos que nunca, y sobre todo dispuestos a poner de sus recursos en tiempo y dinero en pro de que los niños no se quedaran sin enseñanza”.
Explicó que, debido a que los niños no tenían acceso a internet ni televisión para las clases a distancias, los profesores crearon varias estrategias para que no se rezagaran, entre ellas hacer cuadernillos que ellos costeaban, además de que iban cada 15 días a las comunidades.
“En realidad nosotros nunca dejamos de ver a los estudiantes, la situación no lo permitía, por eso cuando se autorizó el regreso a clases, para nosotros no fue un gran cambio”.
Ahora el reto es medir el rezago educativo, después de casi dos años de pandemia, pero confía en que al igual que sucedió durante la peor etapa de la crisis sanitaria, los profesores harán lo mejor para los alumnos