
No todo es intensidad para quienes quieren dejar sedentarismo: especialista
MORELIA,Mich., 25 de junio de 2020.- La enfermedad COVID-19 se caracteriza por distintas complicaciones en todos los ámbitos de la vida a nivel global. El confinamiento ha provocado que la mayor parte de la población se encuentre con limitaciones de movimiento, espacio físico e interacción social, factores que impactan negativamente en el acto de dormir.
Según un comunicado de la UNAM, el sueño y la vigilia integran un ritmo biológico que se sincroniza con la noche y el día, principalmente debido a factores ambientales y psicosociales. Con respecto a los factores ambientales, debe mencionarse que la iluminación natural que recibimos durante el día tiene un efecto estimulante que, entre otras cosas, permite mantener el estado de vigilia.
De modo complementario, la oscuridad es un estímulo que al ser identificado por nuestro cerebro provoca cambios hormonales que permiten el inicio del sueño.
La cuarentena ha provocado que la gente esté demasiado tiempo en casa, esto ha disminuido la exposición a la luz natural durante el día e incrementado el tiempo que ocupamos frente a dispositivos electrónicos (sobre todo en la noche). Lo anterior ha traído, como consecuencia, somnolencia diurna y un atraso importante en el horario de sueño.
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