MÉRIDA, Yuc., 17 de abril de 2021.- “Yo quiero sentir seguridad y que me aseguren que van a hacer algo con él, quién va a sentir tranquilidad con un servidor público que golpea a su mujer embarazada, que tiene vicios y problemas mentales” aseguró Tania Libertad Pastor Ramos, una joven de 20 años que el pasado 13 de abril denunció públicamente ser víctima de violencia física por parte de su pareja, Edward Mauriel C. F.

En entrevista, Tania relató que durante poco más de año y medio de relación, pasó de la violencia psicológica a la física, incrementando esta última cuando se enteró de que estaba embarazada, pues el modificar su ritmo de vida desataba el enojo de su agresor, que hasta ahora se ha desempeñado como policía tercero del sector oriente de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).

El pasado 13 de abril, Tania rompió el silencio y denunció la agresión que pensó, terminaría con su vida, y es que luego de pedirle a Edwin que se retirara del domicilio que compartían pues ya no se sentía cómoda con esa relación y no quería que su hija creciera con la idea de que es correcto que su padre o pareja consuman alcohol o drogas e incluso que la golpeen.

“Yo le dije que le brindaba mi amistad porque teníamos una hija en común, pero que ya no me sentía cómoda con él, no le tenía confianza. Ya lo habíamos hablado varias veces, nos separábamos unos días, pero luego él regresaba”.

Las cosas se salieron de control hace unos días, cuando al llegar a su casa, Tania encontró a su entonces pareja en casa, le repitió que quería separarse, a lo que el hombre respondió de manera agresiva.

“Él estaba tomando y con el mismo cuchillo que estaba abriendo las caguamas me amenazó, con ese mismo cuchillo me dijo que si quería se mataba. En mi desesperación, tengo un grupo de amigos en Whats, fue el primer chat que tenía, mandé un mensaje para decirles ‘Mauriel tiene un cuchillo me está amenazando, sino escribo en cinco minutos llamen a la policía’, se dio cuenta y me quitó el teléfono”.

Cuando intentó salir de la casa, su agresor se lo impidió, le bloqueó la puerta, la siguió hasta la recamara donde las agresiones siguieron, aunque pidió auxilio a los vecinos, ninguno la ayudó pues considera que se acostumbraron a las constantes peleas. Entre tanto forcejeo, recuerda, vio que su teléfono se había caído y lo tomó para llamar al 911, alcanzó a dar la dirección de su domicilio pero no terminó la llamada pues el hombre la volvió a meter a la casa.

“Yo siempre busqué defenderme, me volví a meter al cuarto para cerrar, pero como se partió la chapa él entró. Me azotó contra la pared y me empezó a ahorcar, yo lo intenté ahorcar también pero no podía. Me tiró en la cama y siguió, yo ya no podía respirar, llegaron mis amigos y entraron, ellos llamaron a la policía”.

La policía prácticamente me culpó

Tania recuerda que cuando sus amigos lograron llamar a la Policía, Edwin pidió un taxi para huir, sin embargo, al mismo tiempo llegaron entre cuatro y cinco patrullas y no lo dejaron ir. Entre los elementos que se encontraban ahí, había conocidos de Edwin y no actuaron conforme los protocolos.

“Me cuestionaron, no sentí el apoyo jamás, todo el tiempo decían que supuestamente la amenazó con un cuchillo, supuestamente la ahorcó, supuestamente sucedió, en ese momento yo les dije que no fue supuestamente, pasó y no tengo porqué mentir. Lo subieron a la patrulla, pero pasaron como 40 o 50 minutos para que se lo llevaran y eso no debe ser, debe ser desde el primer momento”.

Tania considera que los oficiales esperaban que retirará las acusaciones y pidiera que lo dejaran ir, sin embargo, tajante asegura que “ya no me iba a tocar el corazón, si él no pensó en mi bienestar, ni en el del bebé, por qué yo me debo tentar el corazón”.

El hecho quedó asentado en la Fiscalía General del Estado con la carpeta de investigación 000559/2021. Aunque está dispuesta a seguir adelante con el proceso, los funcionarios de la dependencia le comentaron que si lleva el asunto al juzgado tal vez Edwin no vaya a la cárcel, ella solo quiere vivir tranquila.

“Muchas veces ponen la orden de restricción, pero a los agresores no les importa, entran a la casa y terminan matando a las mujeres. No siento la tranquilidad de estar en mi casa, no he podido llegar a dormir, mis amigos han ido por ropa mía. Yo tuve que ir para el peritaje, pero no me sentía cómoda, no puedo sacar de mi cabeza que me tenía sometida en la cama ahorcándome”.

Además, tampoco se explica cómo la SSP, sabiendo que esta no es la primera agresión que sufre, seguía teniendo en sus filas a Edwin Mauriel.

“Yo solo lo quería ayudar, que dejara de tomar y de consumir sustancias, para que mi hija no creciera con esa imagen”.