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PLAYACAR. QRoo., 6 de octubre de 2025.- En Playacar, uno de los fraccionamientos más exclusivos de la Riviera Maya, las rejas que separan la selva del entorno urbano ya no son una barrera efectiva. En distintos puntos del perímetro se observan cortes y tramos vandalizados que permiten el paso de fauna silvestre, principalmente venados, hacia zonas habitadas.
A la par, una práctica aparentemente inocente —colocar agua o alimento para los animales— se ha vuelto costumbre entre algunos residentes, generando una convivencia que, sin quererlo, rompe los límites naturales del ecosistema y provoca riesgos que hoy son imposibles de ignorar.
Cercas vulneradas y acceso de fauna
Vecinos y fuentes locales confirmaron que parte del cerco perimetral de Playacar ha sido vandalizado o cortado en los últimos meses, lo que permite el ingreso de animales al interior del conjunto.
La Secretaría de Medio Ambiente de Solidaridad reconoció en un oficio reciente que el predio donde ocurrieron los últimos incidentes con fauna quedó expuesto tras el vandalismo de una sección de la malla ciclónica, lo que derivó en la entrada de ejemplares de venado cola blanca.
Fotografías compartidas por residentes en redes sociales muestran puntos del perímetro con aberturas y cercos dañados. Algunos vecinos afirmaron que los animales “entraban por ahí desde hace meses”, lo que indica que la vulnerabilidad del límite físico no fue reciente.
El gesto que se volvió costumbre: alimentar a los venados
En paralelo, varios testimonios recabados por este medio señalan que vecinos de Playacar suelen colocar agua o alimento ligero —ramas del árbol Ramón, trozos de fruta o verduras— para los venados que transitan cerca de sus viviendas.
En una entrevista publicada por NewsDay Caribe, una residente afirmó que “en días de calor, la gente les deja agua o les da ramas para comer”, una práctica que, aunque bien intencionada, puede modificar el comportamiento natural de la fauna y fomentar su acercamiento a zonas urbanizadas.
En Facebook circulan además publicaciones de usuarios que documentan la presencia constante de venados dentro del fraccionamiento, algunos incluso con crías, lo que sugiere que estos animales han incorporado el área habitacional a su territorio cotidiano.
Expertos en vida silvestre consultados advierten que la habituación de fauna a fuentes de alimento humanas genera dependencia y pérdida de instinto de alerta, exponiéndolos a atropellamientos, estrés y ataques de perros domésticos.
Una responsabilidad compartida
Lejos de buscar culpables únicos, los hechos en Playacar evidencian un problema estructural. El vandalismo en los cercos, las acciones vecinales de alimentación y la falta de medidas integrales de gestión ambiental confluyen en un mismo punto: la frontera rota entre lo urbano y lo silvestre.
Especialistas consultados subrayan que la responsabilidad es colectiva. Las autoridades deben reforzar la infraestructura de contención y educación ambiental; el condominio debe fortalecer su programa de conservación; y los residentes necesitan comprender que dar agua o alimento también altera el equilibrio natural.
“En estos casos no hay una sola culpa. Todos contribuimos, directa o indirectamente, cuando el entorno natural se reduce y las especies buscan sobrevivir”, señaló un ambientalista local
Un patrón que se repite
Aunque los incidentes recientes de 2025 son los más difundidos, las tensiones entre urbanización y fauna en Playacar no son nuevas. Publicaciones locales como Noticias El Rumo del Caribe ya habían documentado atropellamientos de venados en años previos y advertido sobre la falta de corredores biológicos en la zona.
Estos antecedentes muestran que el problema no se reduce a un proyecto o una administración en particular, sino a una tendencia de fragmentación del hábitat y convivencia precaria entre ciudad y naturaleza.
Entre la selva y el concreto
Los hechos recientes son un llamado a repensar cómo se habita en Playacar y en la Riviera Maya. La selva y sus habitantes no desaparecen con las rejas: se adaptan, buscan, se acercan. Pero cuando el bosque se vuelve barrio y los venados caminan entre calles, el equilibrio ecológico se rompe.
Reforzar los límites, revisar los hábitos y asumir responsabilidades compartidas es hoy la única forma de evitar que las próximas historias de Playacar no se escriban, otra vez, sobre la muerte de su fauna.




