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MÉRIDA, Yuc., 29 de agosto de 2025 — Con una sonrisa, entre pasos de baile y bromas compartidas, Laura Margarita Martín Ramos y Dolores Peraza Morales cuentan cómo los clubes comunitarios se han convertido en un punto de encuentro para sentirse activas, acompañadas y con más ánimo para enfrentar la vida cotidiana.
Laura, de 64 años y vecina de Tizimín, recuerda que cuando comenzó a asistir todavía resentía las secuelas de una operación de rodilla.
“Antes iba casi cojeando, pero ahora me siento como de 14 años. Disfruto mucho el relajo con mis compañeras y compañeros. Cuando falto, dicen que parece velorio, porque sin mí se pierde la alegría”, dice entre carcajadas.
Además del club, Laura comparte que su mundo gira en torno al campo y a la naturaleza: “Me encanta criar a mis pollitos, apapacharlos, recoger los huevos, regar mis plantas y ver mis flores de colores. Todo eso me da vida”.
Por su parte, Dolores, de 62 años y originaria de Tekax, asegura que la activación física que realizan tres veces por semana le ha permitido recuperar movilidad tras una cirugía de columna.
“Nos activamos los lunes, miércoles y viernes y eso me ha ayudado mucho. Convivimos, hacemos pequeñas reuniones y me siento muy contenta. Ahora que nuestros hijos e hijas ya están grandes, tenemos más tiempo para nosotras y nosotros, para disfrutar”, explica con entusiasmo.
Ambas coinciden en que los clubes son espacios donde la edad deja de sentirse como una carga y se transforma en energía compartida. Entre baile, bromas y amistad, aseguran que allí se cultiva juventud en cada encuentro.
“Es una experiencia muy bonita para distraerse y ver la vida más positivamente. Yo invito a que se animen, porque ayuda a sentirse más jóvenes y a disfrutar de cada momento”, concluyó Laura.