Alza en la canasta básica reduce poder adquisitivo del trabajador: CROC
MÉRIDA, Yuc., 2 de noviembre de 2026.- La falta de empleos formales, el incremento en el costo de vida y la incertidumbre económica son algunos de los factores que podrían estar influyendo en que las nuevas generaciones decidan postergar o descartar la posibilidad de formar una familia, señaló Francisco Álvarez, vicepresidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).
El representante empresarial advirtió que, entre septiembre de 2024 y septiembre de 2026, Yucatán registró alrededor de 4 mil empleos formales menos ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). A esta pérdida se suma la necesidad de generar nuevas fuentes de trabajo para incorporar a las personas jóvenes que cada año ingresan al mercado laboral.
"Considerando una población de aproximadamente 35 mil jóvenes por año y estimando que el 60 por ciento se incorpora a la población económicamente activa, se requieren alrededor de 21 mil empleos anuales para atender esta demanda. Esto representa 42 mil puestos de trabajo en dos años, por lo que, al sumar los empleos perdidos, el déficit se aproxima a los 50 mil", explicó.
Álvarez consideró que este panorama también tiene repercusiones en las decisiones personales y familiares de las nuevas generaciones, pues la incertidumbre sobre sus ingresos y la dificultad para cubrir necesidades básicas, como la vivienda, la atención médica y la manutención de un hijo, influyen en sus proyectos de vida.
“Si no me da para vivir, ¿cómo voy a tener un hijo?”, planteó al describir el razonamiento que, desde su perspectiva, pueden hacerse las y los jóvenes ante las condiciones económicas actuales.
Advirtió que esta situación podría generar consecuencias a largo plazo, debido a que una menor cantidad de nacimientos también implicaría una reducción futura de la población económicamente activa y, por tanto, de las personas que contribuirán al financiamiento de los sistemas de pensiones.
"El problema tiene diferentes causas entre ellas mencionó las presiones sobre el gasto público por el pago de pensiones, así como los cambios en materia laboral, los incrementos al salario mínimo y las modificaciones relacionadas con las jornadas de trabajo y los días de vacaciones", señaló.
Sobre este último punto, indicó que las empresas enfrentan mayores costos laborales y una competencia internacional para mantener sus operaciones, pues las compañías multinacionales comparan el costo de la mano de obra en distintos países antes de decidir dónde instalar o conservar sus plantas.
"Como ejemplo, la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas representa ocho horas menos de trabajo semanal, lo que, de acuerdo con sus estimaciones, podría significar un incremento de hasta 20 por ciento en el costo de la hora-hombre si no se acompaña de ajustes en la productividad", explicó.
Al ser cuestionado sobre la relación entre las condiciones económicas y la disminución de los nacimientos, Álvarez consideró que podría existir una vinculación importante, similar a la que se observa en países europeos con economías más desarrolladas.
No obstante, sostuvo que todavía existe tiempo para atender esta problemática y modificar las condiciones que podrían incidir en las decisiones de las nuevas generaciones, al advertir que las medidas que se tomen actualmente tendrán repercusiones durante las próximas tres décadas.