Expo Mercadito Patrio: tradición y productos para celebrar a México
MÉRIDA, Yuc., 11 de noviembre de 2025.- En medio del ajetreo urbano y la desigualdad que marcan el sur de la ciudad, un grupo de mujeres decidió enfrentar la adversidad con solidaridad. Así nació Zarigüeyas, un comedor comunitario y colectivo femenino encabezado por Marina Buenrostro, que desde los días más difíciles de la pandemia por Covid 19 se convirtió en refugio, escuela y fuente de alimento para decenas de familias.
“Somos 35 mujeres, entre abuelas, mamás y jóvenes, y alimentamos a 61 niños y niñas. Hace tres días nació uno más, y en 15 días llega otro. Así que nuestra familia sigue creciendo”, relata Marina, con la misma fuerza con la que dirige este proyecto ubicado entre las colonias 86 y 50 Sur..
Así nació Zarigüeyas, primero como un comedor improvisado y luego como una asociación autogestiva que combina la alimentación, la educación y el rescate de saberes mayas.
“Nos dijimos: si no nos mata el COVID, nos mata el hambre. Empezamos a recolectar PET, lo vendemos cada mes y con eso compramos arroz, frijol y aceite. Eso garantiza que todos los días haya algo que comer”, cuenta Marina.
Hoy, el proyecto se sostiene con la recolección de materiales reciclables, donaciones y el esfuerzo de cada integrante, que además de cocinar, siembra, enseña y cuida.
En Zarigüeyas, la comida se sirve en dos turnos para atender a niñas y niños de preescolar y primaria. Pero la jornada no termina ahí: por las tardes, los mayores ayudan a los más pequeños con sus tareas, las madres estudian alfabetización y los fines de semana se imparten talleres de ajedrez, huertos, lectura y medicina tradicional.
“Las señoras son grandes sembradoras. Tenemos un huerto donde cultivamos vainilla, pimienta y árboles en peligro de extinción. Aprendemos de las hierbas curativas, sembramos para comer y para enseñar”, dice orgullosa la fundadora.
El comedor también colabora con instituciones académicas como la Universidad Marista, cuyos estudiantes del programa Pies acuden cada jueves a ofrecer atención médica y actividades con los niños y las madres.
Además de sostener el comedor, Zarigüeyas promueve el programa de apadrinaje para las fechas decembrinas, una iniciativa que permite a las personas interesadas acompañar el crecimiento de un niño o niña durante todo el año.
“Tú eliges a un niño, conoces su historia, su talla, su edad, y lo apoyas con lo que puedas: un juguete, una mochila, unos tenis, un cuaderno. Pero lo más importante es mantener el vínculo. Que le preguntes cómo va, que vengas a verlo, que sepa que no está solo”, explica Marina.
El encuentro entre padrinos y niñas o niños se realiza cada diciembre durante la posada anual, un momento que combina la convivencia, la entrega de regalos y la celebración del trabajo colectivo.
El comedor Zarigüeyas recibe donaciones de PET, ropa, semillas, libros, tierra, macetas y útiles escolares, además de voluntariado educativo o médico.
Quienes deseen colaborar o apadrinar a un niño pueden comunicarse directamente con Marina Buenrostro, directora del comedor, a los números 9992463880 o al 9991190672, o acudir personalmente al espacio comunitario ubicado frente al nuevo Hospital O'horán de Mérida, al sur de la ciudad.
“Zarigüeyas no es solo un comedor, es una casa donde las mujeres se acompañan, los niños aprenden y todos trabajamos por vivir con dignidad. El sur existe, y aquí seguimos resistiendo con amor y con arroz y frijoles todos los días”, concluyó Marina.




