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MÉRIDA, Yuc., 22 de enero de 2026— La mayoría de los niños que ingresan a la Fundación Amar del Sureste llegan tras haber vivido situaciones de violencia familiar, abandono y, en muchos casos, abuso sexual, problemáticas que continúan siendo una realidad persistente y de difícil detección en Yucatán.
De acuerdo con Georgina Ortega Joaquín, presidenta de la fundación, las y los menores son canalizados principalmente por la Fiscalía General del Estado y la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, luego de que se identifican contextos de maltrato, negligencia o violencia dentro de su entorno familiar.
“Muchos niños y niñas llegan inicialmente por maltrato o violencia, pero conforme avanza el acompañamiento psicológico se detectan antecedentes de abuso sexual, una situación que lamentablemente es muy común y que suele ocurrir dentro del propio núcleo familiar”, señaló.
Actualmente, la fundación atiende a 20 niñas y niños, aunque cuenta con capacidad para albergar hasta 30. La mayoría se encuentra en un rango de edad de entre los tres y seis años; sin embargo, también hay casos de niñas y niños mayores cuyos procesos judiciales son complejos y prolongados, lo que impide una pronta reintegración familiar.
Ortega Joaquín explicó que algunos menores llegan desde etapas muy tempranas de vida, incluidos bebés abandonados en hospitales al momento de nacer. Otros permanecen en albergues durante años, lo que genera en ellos una percepción de encierro y castigo, a pesar de ser víctimas de delitos.
“Hay niñas y niños que llevan más de una década en albergues y cuestionan por qué, si ellos fueron lastimados, son quienes terminan privados de una vida en familia, mientras que los agresores permanecen en libertad”, expresó.
Frente a este contexto, la Fundación Amar del Sureste prioriza un modelo de atención personalizada, enfocado en brindar estabilidad emocional, rutinas familiares y una vida social activa, con el objetivo de reducir los efectos del abandono y la violencia vivida. No obstante, la presidenta subrayó que, por más cuidados que se otorguen en una casa hogar, el entorno familiar sigue siendo la mejor alternativa para el desarrollo integral de las y los menores.
En cuanto a las necesidades actuales, la fundación enfrenta retos importantes para sostener su operación diaria y avanzar en su principal proyecto para 2026: la construcción de una nueva casa hogar más amplia y adecuada. Aunque ya cuentan con un terreno donado por el gobierno municipal, un proyecto arquitectónico y apoyo para la construcción, aún requieren recursos para el equipamiento del inmueble.
Entre las principales necesidades se encuentran donativos en especie como leche, pañales, alimentos, ropa, calzado y juguetes en buen estado, así como apoyo para equipar áreas clave como la cocina. Además, el voluntariado continúa siendo fundamental, siempre que las personas interesadas participen a través de proyectos estructurados que aporten al desarrollo de niñas y niños.




