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MÉRIDA, Yuc., 19 de agosto de 2026.- La transición energética está modificando la manera en que los países producen, transportan y utilizan la energía. El reto no consiste únicamente en incorporar más fuentes renovables, sino también en contar con combustibles capaces de acompañar el crecimiento de las ciudades, la industria, el transporte y la generación eléctrica mientras se desarrollan tecnologías cada vez más limpias.
En este escenario han cobrado relevancia diferentes combustibles de transición y alternativas de menor intensidad de carbono, entre ellos el gas natural, el metanol, el hidrógeno verde y el biometano.
Cada uno tiene características, aplicaciones y desafíos distintos. Más que pensar en una sustitución inmediata de todas las fuentes convencionales, la discusión apunta hacia la construcción de una matriz energética diversificada, capaz de combinar seguridad de suministro, competitividad, innovación y reducción progresiva de emisiones.
El gas natural es uno de los combustibles que actualmente tiene mayor presencia en la transición energética debido a su participación en la generación eléctrica y en diferentes actividades industriales.
Una de sus principales ventajas es su capacidad para proporcionar energía de manera constante y responder con rapidez a cambios en la demanda eléctrica. Esto puede ser particularmente relevante mientras aumentan las fuentes variables, como la solar y la eólica.
Además, puede utilizarse en hogares, restaurantes, hoteles, comercios e industrias mediante redes de distribución, sustituyendo en determinados casos sistemas que dependen del almacenamiento y recarga de cilindros.
En regiones con crecimiento turístico e industrial, como Quintana Roo, el desarrollo de infraestructura de gas natural puede formar parte de una estrategia más amplia para fortalecer la seguridad energética y acompañar la expansión económica.
El metanol es un alcohol que puede utilizarse como materia prima industrial y como combustible. Su importancia dentro de la transición energética está relacionada especialmente con la posibilidad de producirlo a partir de diferentes fuentes.
El denominado metanol verde puede obtenerse mediante procesos que utilizan hidrógeno producido con electricidad renovable y carbono capturado, dependiendo de la tecnología y de la procedencia de sus insumos.
Esta alternativa resulta particularmente interesante para sectores en los que la electrificación directa puede ser complicada.
El metanol puede utilizarse en la producción de productos químicos, combustibles y otros materiales, además de tener potencial para aplicaciones relacionadas con el transporte marítimo.
Su desarrollo dependerá de contar con suficiente electricidad renovable, hidrógeno de bajas emisiones, infraestructura y cadenas de suministro competitivas.
El hidrógeno verde es uno de los combustibles que más expectativas genera dentro de la transición energética.
Se produce mediante la electrólisis del agua utilizando electricidad proveniente de fuentes renovables. Cuando la electricidad empleada tiene bajas emisiones, el proceso permite producir hidrógeno sin recurrir directamente a combustibles fósiles.
Su principal atractivo está en los sectores donde electrificar directamente puede resultar complejo, como determinadas industrias de alta demanda energética, procesos químicos, producción de acero y algunas aplicaciones del transporte pesado y marítimo.
Además, el hidrógeno puede utilizarse como materia prima para producir otros combustibles y productos, entre ellos el metanol verde.
El desafío está en reducir sus costos de producción, desarrollar infraestructura de almacenamiento y transporte y garantizar la disponibilidad de grandes cantidades de electricidad renovable.
A estas alternativas se suma el biometano, un combustible renovable producido a partir de la purificación del biogás generado mediante la descomposición de materia orgánica.
Puede obtenerse a partir de residuos agropecuarios, lodos de plantas de tratamiento, residuos orgánicos urbanos y otras fuentes de materia biodegradable.
Una de sus ventajas es que permite aprovechar residuos que de otra manera podrían generar emisiones de metano. Una vez purificado, el biometano puede utilizarse en determinadas aplicaciones similares a las del gas natural y, dependiendo de las condiciones, puede inyectarse en redes de gas existentes.
Para México, esta alternativa puede representar una oportunidad para vincular gestión de residuos, economía circular y generación de energía.
La transición energética no tiene necesariamente un único combustible protagonista. Cada alternativa puede responder a diferentes necesidades:
La combinación dependerá de las características de cada región, de sus recursos naturales, infraestructura, necesidades económicas y capacidad tecnológica.
La transición energética representa una oportunidad para desarrollar nuevas cadenas de valor, generar empleos especializados, atraer inversiones y reducir gradualmente la intensidad de carbono de diferentes actividades económicas.
Pero alcanzar ese objetivo requiere algo más que cambiar combustibles. También será necesario ampliar la generación renovable, modernizar las redes eléctricas, desarrollar infraestructura de almacenamiento y transporte, impulsar investigación y desarrollo tecnológico y establecer reglas claras para atraer inversión.
Para estados con una fuerte actividad turística y perspectivas de crecimiento industrial, como Quintana Roo, esta transformación plantea una pregunta estratégica:
El gas natural puede aportar respaldo durante la transición; el metanol y el hidrógeno verde pueden abrir nuevas oportunidades industriales, mientras que el biometano puede convertir residuos en recursos energéticos.
El futuro energético probablemente no estará definido por un solo combustible, sino por una combinación de tecnologías y fuentes capaces de ofrecer seguridad energética, competitividad y una reducción progresiva de las emisiones.




