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MÉRIDA, Yuc., 23 de septiembre de 2026.- La transición energética no consiste únicamente en electrificar o incorporar energías renovables. También implica construir infraestructura que permita garantizar el suministro energético mientras las nuevas tecnologías alcanzan la escala necesaria. En Quintana Roo, el gas natural forma parte de esa conversación.
Quintana Roo enfrenta un reto energético directamente relacionado con su crecimiento económico, turístico y poblacional. El estado consume cerca de la mitad de la electricidad de toda la Península de Yucatán y genera localmente apenas una fracción de la energía que utiliza, por lo que depende en gran medida del suministro proveniente del exterior.
Esta realidad coloca a la infraestructura energética en el centro de cualquier estrategia de desarrollo. No se trata únicamente de garantizar electricidad para los hogares: hoteles, hospitales, comercios, parques industriales, centros de datos, servicios públicos y nuevos proyectos de inversión requieren un suministro confiable y con capacidad suficiente para crecer.
El gas natural entra en la ecuación
En este contexto, el gas natural puede cumplir una función relevante dentro de la transición energética. Su importancia no radica en sustituir a las energías renovables, sino en ofrecer una fuente de respaldo y generación firme mientras se amplían la capacidad eléctrica, el almacenamiento y las fuentes limpias.
A nivel nacional, el Plan Quinquenal de Expansión del SISTRANGAS 2025-2029 plantea nuevas obras, interconexiones, rehabilitación de infraestructura y adecuaciones operativas para incrementar la capacidad, redundancia y flexibilidad del sistema. El objetivo declarado es contar con un suministro de gas natural más seguro, confiable y eficiente.
El contexto nacional también muestra por qué la infraestructura importa. México dispone de apenas 2.4 días de almacenamiento estratégico de gas natural, lo que vuelve especialmente relevante contar con sistemas de transporte y alternativas logísticas capaces de responder ante variaciones de demanda o contingencias.
¿Y qué ocurre en Quintana Roo?
La Península de Yucatán históricamente ha enfrentado restricciones en el suministro de gas natural. En marzo de 2025, una incidencia relacionada con la calidad del gas en el sistema Mayakán limitó la generación eléctrica y provocó cortes rotativos que afectaron a usuarios de Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán.
El episodio mostró algo fundamental: la seguridad eléctrica de Quintana Roo también está vinculada a la disponibilidad y confiabilidad del gas natural que alimenta parte de la generación de la región.
Por ello resulta relevante la ampliación de Energía Mayakan. La segunda fase del proyecto entró en operación comercial el 31 de mayo de 2026 y contempla nueva infraestructura para incrementar la capacidad de transporte de gas natural hacia la Península. El proyecto completo contempla una inversión superior a 2 mil millones de dólares y alrededor de 700 kilómetros de infraestructura.
Sin embargo, hay un punto particularmente importante para Quintana Roo: el estado ha planteado formalmente la necesidad de incorporarse a este esfuerzo de infraestructura.
Se plantea la incorporación de Quintana Roo al proyecto del Gasoducto Energía Mayakán. El objetivo señalado es fortalecer el suministro de gas natural para la entidad y crear condiciones para nuevas inversiones y crecimiento económico.
Esto significa que la discusión ya no es solamente si Quintana Roo necesita más electricidad, sino cómo garantizar que esa electricidad tenga detrás una infraestructura energética suficientemente robusta.
Una transición energética con varias piezas
Hablar de gas natural en Quintana Roo no significa hablar de abandonar las energías renovables. Por el contrario, el estado está desarrollando una agenda que contempla generación solar, almacenamiento y otros proyectos de energía limpia. En julio de 2026, la SEMA informó sobre una estrategia para impulsar proyectos de energías limpias, eficiencia energética y almacenamiento; además, se proyecta impulsar nuevos proyectos de generación distribuida y soluciones solares.
La propia Comisión de Energía del Estado de Quintana Roo plantea fortalecer la seguridad energética, mejorar la eficiencia y acelerar la incorporación de fuentes limpias.
Por eso, la discusión puede plantearse desde otra perspectiva: no se trata de elegir entre gas natural o energías renovables, sino de construir una matriz capaz de combinar confiabilidad, competitividad y reducción progresiva de emisiones.
El gas natural puede aportar generación firme y sustituir combustibles de mayor intensidad de emisiones en determinados usos, mientras que la energía solar, el almacenamiento, la eficiencia energética y otras tecnologías avanzan.




